Un almacén visitable
La flamante sede del este del Museo de Victoria y Alberto en Londres, ha sido bautizada de forma muy exacta como V&A East Storehouse, justamente porque eso es lo que es: un almacén visitable.
Es en esta nueva tipología a caballo entre museo y almacén, que fusiona exposición con conversación, donde reside el mayor atractivo de toda la propuesta. Esta naturaleza híbrida se manifiesta de alguna manera en todas las capas que construyen la experiencia de usuario: fachada, accesos, recorridos, espacios, baños, museografía, señalética, colecciones, etc.
El reconocido estudio neoyorquino Diller Scofidio + Renfro, es autor del edificio junto con los arquitectos locales Austin-Smith:Lord. Probablemente la dilatada experiencia de estos primeros en el diseño de tanto espacios museísticos como museografías ha sido la clave para poder abordar este proyecto de manera integral, dando lugar a un resultado muy medido y acertado.
Gabinete de curiosidades
Se interactúa con el visitante para acceder a un espacio unitario que alberga la que podría ser toda la colección del Victoria & Albert Museum, a la vez que permite al público recorrerla como si fuera un gabinete de curiosidades.
El almacén ocupa un espacio de 16.000m2, que se integra en el antiguo Olympics Media and Broadcast Centre de los Juegos Olímpicos de 2012. El edificio mantiene su fachada original, que se asemeja más a la de cualquier nave de almacenaje que a las actuales fachadas de museos que buscan generar un hito visual en el paisaje urbano.
En parte se agradece esta discreción urbanística, pero es curioso como esto dificulta la lectura del propio edificio, en concreto, en muchas ocasiones, a la hora de poder localizar el acceso al mismo.
Ya en el interior hay dos zonas claramente diferenciadas la de acceso en planta calle y conectada con ella a través de los escaparates a lo largo de toda la fachada, que engloba las taquillas, servicios, zonas de descanso y cantina.
Al espacio propiamente de almacén se accede a través unas escaleras (también ascensores pero son más discretos) que sirven como un portal entre los dos mundos, puesto que éstas desembarcan en un gran espacio diáfano de altura libre que sirve como patio central del espacio visitable y que a ayuda situar de un solo vistazo las diferentes plantas y pasillos accesibles para el público.
Es curioso cómo visualmente la morfología del espacio genera muchos paralelismos visuales con otros proyectos, como, por ejemplo, la biblioteca Vasconcelos del equipo dirigido por el arquitecto mexicano Alberto Kalach, que también busca generar un espacio unitario desde donde se puede visualizar toda la colección.
Colecciones
Respecto a las colecciones, estás están distribuidas aleatoriamente de forma que el recorrido que cada visitante inicia construye diferentes visitas a través de la gran variedad de objetos (250.000), de la más diversas tipologías y tamaños.
Justamente es este hecho uno de los más estimulantes por la gran variedad de cosas que puedes descubrir de forma accidental. Hay que hacer una mención especial al impacto que genera en todo este universo la forma de exponer las piezas arquitectónicas, que no dejan de ser parte o estancias enteras de edificios, como el techo Torrijos, la cocina Frankfurt, la oficina Kaufman o una sección de fachada de los Robin Hood Gardens.
Tal vez la parte más frustrante es cuando ves que muchos de estos pasillos que se vislumbran no son accesibles al visitante coartando esta idea de exploración que persigue toda la propuesta. Aún así, mucha gente disfrutaba del equipamiento durante un día entre semana, posiblemente por una gran labor de mediación que en las visitas puntuales suele pasar más desapercibida.
Cabe destacar que existe un programa en que las y los usuarios pueden solicitar artefactos de la colección, y los más votados suelen ser expuestos semanalmente y explicados. Una gran iniciativa para integrar a la ciudadanía y poner en valor el patrimonio que esta institución conserva.